mis tres meses de búsqueda entre el fraude y el abuso



Tras 14 años viviendo en la misma vivienda del barrio de lavapiés, y el anuncio de mi casero de that iba a vender el piso has a fondo de inversión y that me had that Ir, comenzaba una búsqueda that me Iba a traer many sorpresas and numerosas desdichas, El Peor Momento of Democcia para alquiler…

En las primeras visitas ya comprobé que los pisos hijos menores y están en mucho peor estado de lo que aparentan las fotos de las diferentes plataformas, aunque eso era algo que me podía esperar. Lo que nunca imaginó es la gran cantidad de anuncios con los que me tope que resultaron ser un fraude, los precios abusivos de hasta 900 o 1,000 euros por zulos de poco más de 30 metros cuadrados en un sótano y sin ventanas, antiguas oficinas reconvertidas en viviendas sin calefacción y con escas as condition of habitabilidad y bloques enteros de hasta 80 inmuebles que, tras ser adquiridos por un fondo de inversión, all, sin excepción, no aceptaron bajar ni un euro la renta, aunque fueron bastante abandonados.

Llevaba un mes y medio y la preocupación se convirtió en desesperación. El pensamiento que más asaltaba esos días y que más comentaba con mi entorno más cercano era que si yo, con un contrato indefinido y 15 años de antigüedad en ABC, estaba teniendo todos estos problemas para encontrar un alquiler digno, ¿cómo se las apañaría una familia en situación de vulnerabilidad? , ¿qué podría hacer una madre o un padre solteros con un trabajo normal sin ayuda familiar?, ¿cómo encontraría casa un parado o una abuela con una pensión mínima?

Me pareció contestar verdaderamente a esa pregunta, sobre todo cuando me encontré a treinta o cuarenta posibles inquilinos haciendo cola en la puerta de varios pisos que flui à visitar. Pisos de 40 metros cuadrados con una habitación y un salón pequeño, a 850 euros mensuales, al que necesita que acceses en grupos de cuatro o cinco personas para que el propietario pudiera esperar a toda la demande. A una de las dueñas, cuando lo preguntó sorprendido, se le escapó un: «¡Ya, madre mía, la verdad es que siento mucha lástima por vosotros!». Estaba tan desbordado que, además, mientras estaba arriba viendo su vivienda después de segundos, envió el siguiente por WhatsApp: «Lo siento, la casa ya está alquilada». ¿Cómo? Sin sentido nada.

El camión de la mudanza, sacando los muebles de Lavapiés con destin a casa de mi madre, cuando aún no tenía nueva vivienda

IV

200 llamadas perdidas

Otro propietario al día siguiente, con muy poco tacto, nos soltó a los aspirantes: “Mirad, es sencillo, al final escogió al más solvente y lo tender alquilado hoy mismo”. Gracias por la información, transmite optimismo, pero ¿cuándo puso el anuncio? «Ayer por la mañana, aunque a las tres horas ya tenía doscientas llamadas perdidas en el móvil y tuve que quitarlo». Era fácil sentirse cantante en un elenco de ‘Operación Triunfo’.

Consecuencias psicológicas

«Muchos inquilinos se ienten culpables porque no pueden pagar la subida de 300 o 400 euros en el alquiler»

Las situaciones que me tocaba vivir eran cada vez más surrealistas. Casi a diario, mis compañeros de trabajo me preguntaban: “¿Cómo va lo de tu piso, Isra?, ¿viste ayer alguno? «. A esas alturas habia visto ya muchos. In uno de los últimos que me interesó, el casero, un tipejo que me convenció de que era una persona transparente que siempre iba con la verdad por delante, exdirectivo de una importante multinacional, que lucía un coche medio deportivo, pero antiguo y poco cuidado, desapareció justo en el momento en que iba a firmar. Pecar más. Fusionado. Todo lo arregló con un escueto mensaje una semana después: “Lo he vendido, lo siento”. Es el mercado, amigo. Por suerte no había adelantado ninguna fianza.

El de las cláusulas es, quizás, la mayor me sorprende que llevó. Cuando el 26 de mayo entró en vigor la ley de Vivienda, por ejemplo, la cual prohibía a las inmobiliarias cobrar los gastos de agencia a los inquilinos, me los encontré renombrados de mil y una formas para esquivar la normativa y seguir facturando: gastos de adecuación, mes de garantía adicional, gas to s de acompañamiento, mes de atención al inquilino…

—Perdone, ¿eso no es lo mismo que el mes de agencia que ya no pueden cobrar?

—No, no, el mes de agencia ya no lo cobramos.

-¿Qué es?

—Bueno, es un nuevo servicio para atender algunas necesidades que el inquilino tenga durante su estancia.

— Mire, digame la verdad y nos podemos escuchar. Is the agency disfrazado de otra cosa, ¿verdad? No hace falta que me enganche.

—Le dijo que no. Si no le gustan las condiciones, no se preocupe, tengo a otra gente esperando.

¿Lo dice en serio?

—Esa condición, en concreto, eran 800 euros. La ansiedad era cada vez mayor. Tenía la sensación de que si no era el primero en ver el piso y firmaba lo que fuera a toda velocidad, sin pensar, no había manera. Siguiendo esa filosofía, un día me escapé del trabajo media hora para ver una casa que se alquilaba en la zona de Carpetana. Más o menos lo mismo de siempre, lo mismo que me puede permitir: 45 metros cuadrados a 750 euros. Como de costumbre, no era lo que parecía, pero la conversación que se produjo a continuación fue…

—Me dijo por teléfono que eran 750 euros, ¿verdad?

—Ah, bueno, no el comentario. A eso hay que sumar 25 euros al mes del seguro de impago…

—¿Como? ¿Me quiere decir que, ante la sospecha del propietario de que yo pueda dejar de pagar el alquiler algún mes, yo mismo tengo que pagar un seguro para que él esté cubierto. ¿No debería pagarlo él? Me dan ganas de firmar el contrato y el primer mes dejar de pagar, porque para eso pago un seguro que me cubre… ¿No le parece?

—Ya, bueno, le entiendo, pero yo no puedo opinar. Es el requisito.

—Entiendo. ¿Entonces se quedaría en 775 euros al mes?

—El primer año sí, no se preocupe, pero el segundo tendrá que pagar la mitad de la cuota de la comunidad y del impuesto del IBI. Y a partir del segundo, el cien por cien, lo que dejaría la cuota en 865 euros al mes.

—¿Me lo está diciendo en serio?

-Si.

—¿Alguna sorpresa más?

—Sí, lo siento. El seguro del hogar, que también lo tiene que pagar usted. Eso dejaría el alquiler en un poco más de 900 euros.

—Ya, entendiendo, pero…

—Lo siento, es que tengo mucho jaleo encima y se me pasó. Además, lo que tiene que valorarte es si el piso, que es una buena oportunidad, le interesa.

—Usted que cri…

Mientras marched me, la alarma del piso, que estaba rota y no había dejado de sonar pendante toda la visita, seguía machacándome la cabeza. A esas alturas tenía el ánimo por los suelos. Estuve de acuerdo en que había contado a Carlos Castillo sobre las personas que acuden al Sindicato: “Vienen muchos inquilinos con problemas psicológicos, con un sentimiento de culpabilidad enorme porque no pueden asumir esa subida repentina de 300 o 400 euros en el precio del alquiler y les van a echar. Creen que tienen un conflicto individual, pero intentamos que entiendan que nos es un problema personal o una crisis que afecta solo a ellos, que nos son parias, sino que es un problema estructural, porque el acceso a la vivienda está cada vez más limitado. Sin culpa suya”.

Me di cuenta de que así era cuando decidí informar a mis amigos y conocidos de que buscaba casa y que tenía poco tiempo, por si algún conocido a algún propietario en su círculo cercano que buscara una persona de confianza. Ya saben, esas caramboles, pero tampoco. Una compañera de trabajo me comentó que no se había renovado bajo contrato de compra por lo que el edificio entreo lo iban se ha convertido en pisos de Airbnb. Otro me confesó que había tardado un año en contrar una vivienda asequible y decente, pero que la tenía que compartir con tres amigos. Si no, hubiera sido imposible.

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Por Sandra Gomez