martes, mayo 28

“Vuelve el gusto por el riesgo”

Vpetróleo a currículos que valen oro. Más precisamente, 104 millones de euros a la sola fe de tres pedigríes. Nunca en Europa una empresa recién creada, hace menos de un mes, reunió a tantos inversores dispuestos a apostar por ellas. Arthur Mensch, Guillaume Lample y Thimotee Lacroix, de apenas 30 años, consiguieron en un tiempo récord traer a tierra los rincones más profundos de Europa para bendecir el nacimiento de su empresa, Mistral AI.

Allí nos encontramos con multimillonarios franceses, como Xavier Niel (accionista individual de la Mundo), la familia Saadé, CMA-CGM, los Decaux, pero también grandes nombres: italianos (Exor), belgas, alemanes, británicos e incluso el exjefe de Google Eric Schmidt. La pintura aún está fresca, las contrataciones están en marcha, el modelo de negocio no está muy seguro, pero la empresa ya vale 240 millones de euros.

Este pequeño milagro se puede explicar. Primero, su talento es escaso y, por lo tanto, caro. Son especialistas en inteligencia artificial. Arthur Mensch trabajó durante tres años en DeepMind, la filial líder de Google en este campo. Sus dos compañeros provienen de Meta, la empresa matriz de Facebook, y participaron en el desarrollo del lenguaje interno de la empresa. Preguntado por el Tiempos financierosAntoine Moyroud, el socio del fondo de capital de riesgo estadounidense Lightspeed Venture, que lideró la recaudación de fondos, asegura que solo hay entre ochenta y cien personas en el mundo con tanta competencia en este campo.

fugitivo colectivo

Y nada está más de moda hoy en día en el sector de la tecnología que la inteligencia artificial. La bomba ChatGPT, ese robot accesible a todo el mundo en Internet y que respondía a todo, provocó un revuelo colectivo en el mundo de la tecnología, solo comparable a la llegada de los primeros navegadores y al gran público de Internet a finales de los 90. Nadie quiere Para perderse esta ola gigante, ni los gigantes en el lugar, Google, Meta y Microsoft a la cabeza, ni las empresas en general, que ven en sus respectivos sectores las ganancias considerables en productividad posibles y el riesgo de degradarse si no hacen nada.

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Es precisamente este mercado empresarial al que se dirige Mistral AI, con el desarrollo de bloques de lenguaje que se pueden utilizar en acceso abierto. Un mercado profesional más que público en general lo que ha tranquilizado a los inversores, conscientes del liderazgo tomado por los americanos en este ámbito.

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El carácter europeo y abierto del enfoque ha seducido al gran capital, que busca grandes historias y nuevos horizontes. Y este lo es, eso seguro, siempre que no se convierta en un espejismo. Evidentemente, ha vuelto el gusto por el riesgo.