Esta edición de Clarín Rural toma dos ejes centrales para el desarrollo agropecuario: soja y ganadería. En el primer caso, dedicando las páginas centrales al Seminario anual de Acsoja desarrollado en la Bolsa de Comercio de Rosario. En el segundo, por la excelente ExpoAngus de Primavera que tuvo lugar en Olavarría. Mucho para leer, informarse y vibrar el desafío del futuro…que ya está encima. Todos sabemos que el cambio es inexorable.

Y para eso hay que prepararse. No solo en lo tecnológico, sino también atendiendo a las exigencias de los mercados. En el sector hay un tufillo de rechazo a la agenda ambiental, que a veces se percibe como una amenaza o simplemente como una variante aggiornada del proteccionismo europeo. En buena medida lo es. Pero conviene tenerla en cuenta, para preservar el flujo comercial. Y buscar la forma de dar vuelta la taba y convertir el desafío en oportunidad.

En este sentido, soja y ganadería están bajo el mismo paradigma de la sustentabilidad. Como se vio en el seminario de Acsoja, la soja argentina es la más sustentable del mundo. También lo es el maíz. Pero hay que demostrarlo. Cuando se lo hace, se allanan los caminos. Es lo que pasó con los biocombustibles que se exportan a la UE. En el caso del biodiesel, exigieron “soja sustentable”, libre de desmonte, certificada. Se logró, y aunque después vinieron otro tipo de trabas, hoy el camino está técnicamente allanado. Fue el primer caso, por otro lado, en el que se demostró que era posible segregar productos diferentes (aún cuando son iguales…) en las grandes plantas de crushing.

Y para el caso del etanol de maíz los europeos pidieron demostrar una huella de carbono con ahorro del 70% respecto a la nafta. También se alcanzó la meta y se liberó el acceso. Lo interesante es que uno de los elementos clave para lograrlo fue, en el caso de ACABio, la captura del CO2 de la fermentación de los reactores, para destinarlo a la industria de bebidas carbonatadas. Antes se usaba gas natural para producir ese CO2. La sustitución sumó los puntos necesarios para alcanzar la exigencia.

Por eso es histórico el acuerdo celebrado esta semana entre el gobierno, la industria y el sector agropecuario. Involucran precisamente a la soja y la ganadería. Firmaron un acuerdo para desarrollar una plataforma de trazabilidad para certificar productos “libres de deforestación” el titular de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, el presidente de Ciara-CEC Gustavo Idígoras, Mario Ravettino (Consorcio ABC), el director ejecutivo de la Bolsa de Comercio de Rosario, el ministro de Economía Sergio Massa, el secretario de Agricultura Juan José Bahillo.

Los objetivos del acuerdo incluyen la capacitación para que los productores puedan acceder a la plataforma, que será de acceso gratuito, y buscará la aceptación en los mercados internacionales. La idea es utilizar esta identificación en toda campaña de posicionamiento de productos argentinos en el mundo.

Y no solo está esta iniciativa que se inserta en lo público/privado. Por ejemplo, la semana próxima se realizará la presentación del estudio de impacto ambiental del ciclo de vida de cortes bovinos y hamburguesas congeladas, por Marfrig Argentina junto al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Mediante esta evaluación Marfrig dice que será la primera empresa de la industria ganadera argentina en lograr la Declaración Ambiental de Producto (EPD) en los rótulos de sus productos, conforme al programa ambiental de huellas europeas.

Esto no implica abrir juicio de valor sobre la cuestión de fondo acerca del avance de la frontera. Esa es otra batalla. Pero los consumidores más importantes lo están exigiendo. Sin ser restrictivos, darles lo que quieren y con un certificado de garantía.

Es, directa o indirectamente, una forma de generar una prima de calidad ambiental para nuestros productos. Soja y carne están unidos por el mismo cordón de la sustentabilidad.