«Vagos», «blandos», «delicaditos», «superficiales», «egoístas» o «inconsistentes». Estos son algunos de los calificativos que reciben los jóvenes pertenecientes a la Generación Z. «Se nos ha puesto una etiqueta muy negativa todo el rato y que solo nos interesa el móvil», señala Cristina Eslava, recién graduada en Publicidad y Relaciones Públicas, y nativa digital. «Queremos las cosas rápidas, pero eso no es malo», advierte.

Estos jóvenes, nacidos entre 1996 y 2012, son la primera generación en tener al alcance de la mano el acceso a la tecnología y a internet. Su vida se vive en trends de Tik-Tok, reels verticales de Instagram y algo de X (antes conocido como Twitter). «Ni hablar de Facebook», explica Eslava. «Hay que saber entenderlos y hablar su lenguaje», comenta Yurena Escobar, CEO de la agencia Flecher.co. «Si me dices que cuidar el medioambiente mola mazo, me suena desfasado», responde Cristina Eslava, que tiene 21 años. «Eso no significa que no me interese», advierte.

De hecho, la generación Z es una de las más activistas, aunque no se traduce en el día a día de las oenegés ya que el 84% de estas organizaciones siente dificultad a la hora de atraer a estos jóvenes a su causa social, según un informe de la Fundación Botín junto con Darwin & Verne Mazinn, Flecher.co y Work for Social. «Hace falta entender cómo es el compromiso social de esta generación», explica Javier García Cañete, director de la Oficina de Madrid de la Fundación Botín.

Aunque es pronto para predecir con certeza cómo evolucionarán, los Z son considerados como la generación más joven comprometida con el cambio climático y con los movimientos de justicia social. Un informe de Pew Research Center destacó que la generación Z es la más diversa desde el punto racial y étnico y están creando un gran impacto en la sociedad. Sin embargo, casi la mitad de los jóvenes que han colaborado con entidades del tercer sector en alguna ocasión lo han hecho como voluntarios puntuales (43%) o aportando dinero de forma ocasional (44%). «Vemos un poco de inconsistencia a veces», señalan Damián González, presidente de la Fundación Acorde, y Laura Higuera, asistente de dirección en esta organización cántabra especializada en trabajar la patología dual y el trastorno de personalidad. «Nosotros vemos que los más jóvenes quieren acciones más puntuales», explica Higuera.

De hecho, seis de cada diez jóvenes de esta generación prefiere que las organizaciones del tercer sector utilicen formas más innovadoras para utilizar su ayuda. «Nos llama mucho la parte estética», explica Eslava. «No de bonito, sino llamativo y, especialmente, emocional. Hablamos de vivir la experiencia o poder identificarte con ello», añade. También, según el informe de la Fundación Botín, la GenZ valora otros factores en las oenegés como la transparencia o la cercanía, «que permita una comunicación bidireccional y mayor accesibilidad a la hora de involucrarse en las iniciativas», explica la encuesta.

Sentirse partícipe

Durante dos días, organizaciones del tercer sector y jóvenes menores de 30 años se han sentado en la misma mesa para entender su lenguaje. «Acercarse a ellos es un reto», señala Blanca Valentina, directora de la Asociación Achalay de Madrid. «Hay que entender que están expuestos a mucha información y siempre suele ser negativo, quizá hay que llegar a ellos desde lo positivo», añade.

Uno de los rasgos más característicos de esta generación es que ha vivido una infancia que se ha visto sacudida por fuertes movimientos tanto económicos como sociales, que van desde la crisis financiera de 2008 hasta los más recientes como Black Lives Matter o Me Too. «No quieren dramas, cero dramas», explica la CEO de Flecher.co.

Esta es una de las conclusiones del decálogo nacido en esta jornada Think x Social celebrada en Madrid. «Ellos quieren sentirse partícipes y, sobre todo, que no les aleccionen constantemente», explica Alonso. Durante dos días, siete equipos han trabajado para generar estrategias, ideas y campañas que sensibilicen, capten y fidelicen a la generación Z en su relación con el tercer sector. «Estas conclusiones también son válidas para otros sectores», destaca Andrea Sánchez, directora de Work for social.