sábado, abril 13

Medea: la primera mujer fatal

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La soprano Maria Agresta (Medea) y el tenor Enea Scala.Javier del RealEFE/Teatro Real
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La figura mítica de Medea dispone de un amplio historial de daño, con títulos como revolucionaria, ladrona y fratricida que son soportados con sólida energía por una mujer de carne y hueso de carácter sensible, hasta susceptible se diría, pues no tolera que quien fue su amante y compinche en el robo del vellocino de oro le ponga unos mezquinos cuernos burgueses. El alma, o lo que en su lugar esconda la maga, necesita manifestar la calidad de su horror con el gesto peor, el zarpazo por excelencia, la destrucción de su propia prole. La traidora traicionada, la ladrona robada, asegura que su móvil es la venganza, pero no nos engaña, ella no es una perturbada, el despecho es una pobre explicación para tan refinada agente del Mal con mayúscula que es preciso causar, y así lo hace con su bien conocida pericia. Elimina a su rival, y se inflige una lacerante herida a sí misma asesinando a sus amados hijos. La fatalidad de la mujer fatal reside en el ineluctable sometimiento a su condición de ejecutora y agente del Mal. Maldad cuyo origen parece ser la pasión amorosa, susceptible de enconarse en puro horror.

La ópera de Cherubini se centra en el debate de la figura mítica con la voz de una mujer doliente que conmueve y espanta a la vez, rodeada del breve círculo de sus enemigos, que son también sus víctimas. El mito nada tiene que ver con la tragedia y prolonga la existencia de Medea en nuevos ámbitos y aventuras. La música no juzga a su criatura, pero precisa de una catarsis, y la bestia debe morir. Paco Azorin cuenta la historia con plástica poderosa, desvelando enseguida el desenlace y multiplicando el brazo ejecutor de la asesina; desliza también alguna incongruencia (popes que invocan a Baco), y no acaba de entenderse la obsesión recurrente de convertir a los niños de Jasón y Medea, antes de ser asesinados, en un par de confusos macarras adolescentes.

Ivor Bolton comunica las bellezas de la partitura con equivalente plasticidad; refinado en los momentos de remanso poético (Medea y Neris) y algo abrupto en los preludios y escenas de conjunto, que requieren, en su furor dramático, mayor transparencia.

María Agesta (Medea) más doliente que amenazadora, resulta en general convincente, aunque al final no nos creemos que una dama tan sensible haya matado a sus hijos. Jasón (Enea Scala) es, tal vez, lo más flojo del reparto, incapaz de defender con brío su egoísmo. Neris (Nancy Fabiola Herrera) es una espléndida sierva de un ama a la que adora, negándose siempre a ser su cómplice. Al Creonte de Jongmin Park, bien cantado, le falta tal vez algo de empaque regio. Sara Blanch (Dircé) consigue desde el arranque que lamentemos su muerte a causa del chal envenenado. El Coro, impecable.

MADRID, 19/09/2023 - Los reyes Felipe VI (izquierda) y Letizia (derecha) presiden el arranque de temporada del Teatro Real de Madrid con el estreno de "Medea" de Luigi Cherubini. EFE/Kiko Huesca POOL
Los Reyes presidieron el estreno de la ópera.Kiko HuescaEFE

La función, presidida por sus Majestades los Reyes, fue recibida con un aprecio que tal vez podría calificarse de previo, confirmado al final. Es esta una obra de primera categoría muy poco representada que, quizás más que cualquier otro título, necesita de una intérprete particular, capaz de comunicar la grandeza y el espanto de una figura que esconde una oscuridad que no acaban de desvelar sus múltiples versiones. Al mito de la maga Medea se ha añadido el mito de otra maga, María Callas. La diva suprema es recordada por el Teatro Real, en una función muy recomendable (huelgan las comparaciones). Un muy atractivo comienzo de temporada.