martes, julio 16

Las residencias de la USC solo tienen plazas para un 3,6% de su alumnado

El drama de encontrar alojamiento en Santiago para el nuevo curso universitario empieza por las propias residencias dependientes de la USC, incapaces de absorber una matrícula que cada año ronda los 25.000 alumnos. Según datos oficiales, la universidad compostelana oferta este año académico 910 plazas, que a estas alturas ya están asignadas y para las que hay una lista de espera de cientos de jóvenes que se sigue moviendo en función de los cambios y renuncias de última hora. En concreto, el último listado actualizado mantiene pendientes a 371 aspirantes en Santiago de los que la mayoría ya han perdido la esperanza de hacerse con alguna de las habitaciones en liza. Son los supervivientes -solo por el momento- de una criba que antes dejó por el camino a muchos otros. Es el caso de Ana, una joven de 18 años de Caldas de Reis (Pontevedra) que este año inicia sus estudios de Periodismo en la USC. Ella se anotó como candidata para conseguir una de las pocas plazas que la universidad oferta. «Tenía esperanzas, pero cuando salió el primer listado a principios de agosto estaba en el puesto 464 y el 10 de agosto ya me excluyeron definitivamente de la lista», revela. Así que no le quedó más remedio que iniciar, en plenas vacaciones, la frustrante búsqueda de un piso para el curso.

Los primeros intentos, confiesa, fueron fallidos. Su idea era irse sola con una amiga, pero los precios por apartamento rondaban los 800 euros. Plan B. Las amigas se separaron e intentaron buscar habitación en otros pisos de estudiantes, aunque tampoco fue sencillo. «Estuvimos en habitaciones sin ventana y en las que solo podías dar dos pasos. También nos intentaron meter a seis personas en un piso en el que no se cabía. Y muchos de ellos estaban en muy malas condiciones» relata. Su testimonio es un relato transversal que aúna a todos los que aterrizan en el mercado inmobiliario de la capital en busca de un techo para el curso. Una relación calidad-precio totalmente desequilibrada en la que solo cabe aceptar para no quedarse en la calle. «En las agencias nos trataron algo mejor por ser chicas, pero aún así es muy complicado, mucho más que para otros amigos que, por ejemplo, se van a estudiar a Vigo» asume después de haber conseguido una habitación con dos estudiantes más de último curso cerca de su nueva facultad. Prueba superada.

Ana está satisfecha con el trato porque cada mes pagará unos 200 euros (sin gastos) por el cuarto en el que se alojará durante el curso. Es un buen precio teniendo en cuenta la media en la que se mueven los pisos en la capital -casi nada por debajo de los 500 euros-, lo que convierte en todavía más atractivas las plazas públicas de residencias. En el caso de estos inmuebles dependientes de la USC, el baremo depende de las condiciones económicas de la familia del estudiante y de la ‘renta personal disponible’ de cada alumno, que se calcula cuando se realiza la solicitud. Es el factor que más pesa a la hora de otorgar y denegar plazas, y también el que determinará cuánto deberá abonar cada residente al mes por habitación. Aquí, la horquilla va de los 46 euros al mes en una habitación compartida hasta los 292 de tope en caso de un cuarto individual. Por el medio hay distintas escalas -hasta una decena de precios distintos- en función de esta renta y de si el estudiante compartirá espacio o no. En cualquier caso, desembolsos menores a los que implican dar el salto al endemoniado mercado inmobiliario de la capital gallega.

La escasez de vivienda libre de los últimos años, el encarecimiento de los precios y el mal estado de los inmuebles -los administradores de fincas alertaron de que muchos de estos pisos de estudiantes no cumplen «las condiciones mínimas de habitabilidad»– han modificado la realidad de una ciudad eminentemente universitaria. Las agencias reconocen que la demanda excede con mucho la oferta y que irse a otros concellos es cada vez más frecuente. Ames, Brión o Teo son algunos de los municipios a los que los estudiantes se mudan, incapaces de hacerse un hueco en la capital, con las complicaciones de movilidad que en muchos casos les acarrea. Desde la USC piden al Gobierno gallego y al local que busquen alternativas para desencallar la situación, conscientes de las pocas plazas de alojamiento que ofertan las cinco residencias y colegios mayores (Fonseca, Rodríguez Cadarso, San Clemente, Monte da Condesa y Burgo das Nacións) que funcionan en el campus santiagués. Todas ellas han colgado ya el cartel de completo.